En COLUMNAS
Peter Hartmann, Director Filial Aysén CODEFF

“El objetivo de los parques nacionales son la preservación de estos ambientes y la compatibilización con actividades educativas, investigativas y recreativas.” (Ley 18362).

Ya parece normal: nos pasamos la semana pasada leyendo y escuchando sobre ballenas muertas, líneas de alta tensión, salmoneras, represas, embalses, ganado, hoteles, mineras y otros invasores en Parques Nacionales y Reservas de la Biosfera. 

La guinda de la torta la vinieron a poner los reyes noruegos, que indudablemente fueron a Puerto Williams a apoyar a las salmoneras que se están instalando ahí, con capitales de ese país, en la Reserva de la Biosfera Cabo de Hornos. Ahí mismo, en el Parque Nacional Alberto de Agostini, parte de esa Reserva, ya hay salmoneras instaladas hace años, a pesar de varios dictámenes de la Contraloría General de la Republica que dejan muy en claro su ilegalidad. ¿Es que en el “fin del mundo” la legalidad no vale? 

Si existen leyes que dejan en claro el objetivo de los parques nacionales, si Chile refrendo la Convención de Washington comprometiéndose a cuidar sus áreas silvestres protegidas, si fue nuestro país el que pidió y acepto el honor internacional de tener Reservas de la Biosfera de UNESCO ¿Por qué entonces proyectos del o aprobados por el Estado Chileno, las trasgreden sin asco?  ¿Es que ya no tenemos ninguna barrera moral ante la invasión desarrollista-extractivista? ¿Es que ya nada se salva del antropoceno destructivo en vías a la desertificación y pobreza total?

Vale recordar que parte de esta invasión ocurre en la última frontera del “mal” desarrollo y en un planeta donde van quedando cada vez menos territorios naturales y a salvo de la codicia y torpeza humana. En un mundo donde según la ONU la diversidad biológica desaparece a una velocidad mil veces mayor a lo natural y en donde desde el MIT se anuncia la sexta extinción en masa sobre el planeta. O sea, un planeta donde mantener espacios sin intervención humana es algo crucial, también para los propios humanos, que al fin y al cabo dependemos de esa vida. Otro tema, bastante novedoso y aun poco conocido por los tomadores de decisiones, a ser considerado, es el de los servicios ecosistémicos que presta esa naturaleza intocada y biodiversa en equilibrio. Servicios como regular el agua y aire limpio, el de ser modelo, muestra y ejemplo de interrelaciones.  

Valga como ejemplo de todo esto, una discusión que tuvimos estos días sobre este tema al anunciarse por Bienes Nacionales la entrega de terrenos en parques nacionales para poner hoteles en su interior. La verdad es que parece hay mucha gente que piensa que los parques se decretan para ser usados por el turismo y que si no se pueden usar le sirven a nadie. Lo sentimos mucho, pero un hotel en un parque nacional también es un contrasentido a sus objetivos (y el hotel del Parque Nacional Torres del Paine lo mal pusieron en dictadura). Si bien una actividad económica como el turismo no es un uso consuntivo y destructivo como la minería, no es la finalidad de un parque, salvo que este turismo sea con finalidades de educación, investigación o recreación. Aparte que hay Turismo y turismo. O ecoturismo y turismo industrial, sobre cuya diferencia muchos operadores no entienden aun.  Indudablemente que el turismo industrial como el que promueve Longueira, de “arreglar el parque para el uso intensivo” no tiene mucho que ver con el objetivo de ese parque. Para eso hay otros lugares de los tantos antropogizados. Es más o menos obvio que en un parque, si es que el Plan de Manejo lo permite, lo lógico es el ecoturismo. Hace algún tiempo leímos algo así como la “biblia” del ecoturismo y ahí recomendaban que la experiencia demuestra que los usos intensivos como hoteles y restaurantes debían quedar fuera de los parques, permitiendo el desarrollo económico de las comunidades aledañas, y que si no se pensaba en la participación de los vecinos esos en las externalidades económicas del parque, estos vecinos excluidos se convierten en anticuerpo. Hace algunos años se tendía a proteger esos lugares con guardas y represión. Tras el fracaso de ese modelo, la biología moderna intenta actualmente la inclusión y participación de la comunidad que vive ahí en el cuidado de SU parque. Eso evidentemente implica un cambio de actitud de las autoridades y un trabajo de educación ambiental con todos los involucrados. Un proceso que demora su tiempo, requiere paciencia y voluntad, pero que deja contentos a todos. Y el parque a salvo.

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