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Peter Hartmann, director filial Aysén de CODEFF

El pasado 8 de junio se celebraba el Día de los Océanos. Esos océanos, fuente de vida y sustento para una creciente población mundial. Esos pobres océanos que la humanidad tiene en crisis, que sobreexplotamos con una industrialización que recién comienza, que usamos de basural y que sufren el cambio climático, siendo los pobres y muchas especies marinas los más afectados.

Chile y la región de Aisén no son la excepción, así es como 60% de los plásticos que botamos en nuestro país, en lo que somos de los que más botan, van a parar al mar, y frente a nuestras costas esta una de las islas mundiales de plástico. Parte de ese material se vuele microplástico que ya está apareciendo en todos lados, hasta en el agua potable.

En 1994 recorrimos parte del litoral norte de Aisén y ya no había playa “prístina” y sin residuos plásticos, el peor lugar con decenas de metros cúbicos, fue el Seno Elisa donde la marea traía las basuras de Puerto Aguirre-Caleta Andrade-Estero Copa. Unos años después, fuimos por el Canal Jacaf a Islas Bajas, Puerto Gala, senos Aldunate y Miller y en todo el trayecto nos encontramos con restos plásticos salmoneros en cantidades industriales, incluyendo islas artificiales con montañas de redes. Según los vecinos, también las había sumergidas. Pasaron los años y los salmoneros aparentaron producción limpia, hacen limpieza de playas (en lugares bien visibles para los medios de comunicación) y tienen convenios con el Ministerio del Medio Ambiente. La verdad es que hasta a nosotros, que no tenemos como ir a verificar tanta maravilla, nos terminan anulando el espíritu crítico. Aparte, que efectivamente donde la recicladora Martino llegan con harto material de desecho. ¿Todo? Por lo visto no. Así es como constantemente nos encontramos con reclamos documentados de residuos plásticos e incluso de embarcaciones abandonadas en áreas silvestres protegidas. Pablo Besser denunció en el 2016 que al final del Seno Pulpo Sur, en la Reserva Nacional Katalalixar hay todo un basural de desechos pesqueros. Luego, Rodrigo Poliche denuncia, en el 2018, un basural flotante (aparentemente desechos domésticos de Puerto Edén o Tortel y/o de embarcaciones) en el Canal Nef, Parque Nacional Bernardo O’Higgins. Ya antes habíamos escuchado de instructores de la Escuela NOLS que un curso que cruzo desde el Estero Puelma hacia el mar abierto, en un lugar prístino y área protegida, se encontró ahí con pelotas de petróleo aglomerado. En el 2014 instructores de la Escuela de Guías de la Patagonia  en una travesía en kayak de Pto. Aguirre a Puyuhuapi, encuentran plástico en todas las playas donde desembarcan, entre ellas algunas del Parque Nacional Queulat. Ya en enero 2012 Rolando Toledo de Aguahielo Expediciones denuncia un basural salmonero en Bahía Exploradores, y finalmente, la semana pasada, Daniel Torres de Destino Patagonia denuncia un basural salmonero en el Parque Nacional Laguna San Rafael, hasta con la huella de los responsables: Friosur (ahora al igual que AquaChile, parte del conglomerado de Agrosuper) y Cupquelan (de la multinacional canadiense Cooke Aquaculture que se jacta de ser sustentable). O sea, estamos hablando de los grupos salmoneros más poderosos del país. Este mismo operador turístico cuenta que incluso en la emblemática  laguna hay desechos plásticos menores. Esta vez, como la noticia la recogió y difundió Radio Santa María y de ahí pasó a la Cooperativa, se levantó algo el oleaje y ya veremos si las denuncias en Conaf y Sernapesca sirven de algo.  Por lo demás, vale recordar que hubo hartos reclamos, hace años, cuando esas salmoneras se iban a instalar ahí en la entrada de la laguna y Parque Nacional, en “zona preferente para el turismo” de la Zonificación del Borde Costero, pero prevaleció el poder del “Estado Salmonero” para el cual ni los parques nacionales y santuarios de la naturaleza  tienen importancia. De hecho, los invaden y contaminan impunemente.

“Estado Salmonero” es un excelente documental recién estrenado y producido por Patagonia Films, en el cual se denuncia  parte de las consecuencias  de la salmonicultura que se apropió del mar interior de Puerto Montt al sur. “Nuestro territorio” como lo presentó un ejecutivo de SalmonChile hace poco en Coyhaique en un evento gubernamental. Entre estas consecuencias, las famosas basuras plásticas de su “acuerdo de producción limpia” y de la industria de los informes de sustentabilidad.  Por cierto, los plásticos no son lo único nada de limpio, ni menos aún sustentable, de esta industria. En el film hacen harto énfasis en el uso indiscriminado de antibióticos y la contaminación bajo y en el mar circundante por residuos fecales y pellets, una borra que se desplaza con las mareas a kilómetros de distancia y mata la vida bajo las jaulas. Peor aún, es cuando por exceso de carga y contaminación, el medio se vuelve anaeróbico y sin vida, algo bastante común en esa industria. A esto vale agregar los escapes de salmones, convertidos en especie exótica invasiva y la contaminación con hidrocarburos, ruido, marea roja y detritus humanos. Especial mención vale para los pesticidas con que controlan los piojos marinos, Caligus, los que no solo matan a éstos, sino a la demás microfauna marina de las cercanías. ¿Y cómo va a ser sustentable una industria así y que para producir un kilo de salmón caro requiere 5 a 6 kilos de peces nativos baratos y que podrían solucionar el hambre de muchos?  E impactos sociales y culturales por cierto también los hay en cifras record, mientras se llevan las utilidades, valor agregado y hasta los sueldos fuera de la región. De hecho, las gerencias y donde pagan sus impuestos de esta industria, están en Puerto Montt, Puerto Varas, Santiago y Canadá. 

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