En COLUMNAS

Peter Hartmann, Director CODEFF Aisén, Presidente Agrupación Aisén Reserva de Vida.

Movida ha estado la actualidad nacional e internacional. En lo nacional con la pandemia, plebiscito ad portas, contingencia política y la conmemoración del estallido o revuelta social. En lo internacional, entre otros, con las elecciones en Bolivia y Nueva Zelanda.

Interesante ha sido ver como Nueva Zelanda, país insular con algunas similitudes con Chile y que entro en la pandemia casi al mismo tiempo, tuvo elecciones de primer ministro este domingo tras un aplazamiento hace un mes por rebrote, prácticamente sin contagiados por virus y hasta dejando de lado las mascarillas. La joven primera ministra Jacinta Ardern, a quien le toco enfrentar con éxito la pandemia con medidas bastante drásticas desde el comienzo, entre otras cerrando el país, fue reelegida con amplia mayoría. Sin duda debe ser la envidia de más de algún otro gobernante. Y también de más de algún ministro de salud.. Mientras, las elecciones en Bolivia vuelven a poner en el poder al MAS de Evo Morales, quien como se recordará fue sacado de ahí abruptamente con un cuasi golpe de Estado.  Y por lo visto, los bolivianos tienen buena percepción de los gobiernos de Evo y quienes pretendían borrón y cuenta nueva fracasaron. Vale también en lo pandémico rescatar la experiencia uruguaya, donde un gobierno de derecha parecido al nuestro, tuvo una estrategia sin recurrir a cuarentenas y eso con un acuerdo nacional y manteniendo a su gente en casa financiados. Tal vez tengan además un sistema de salud robusto como los algunos países europeos que tuvieron estrategias parecidas.

Mientras tanto, en lo nacional, la realidad está más compleja. Seguimos con un lote de comunas en cuarentena y con altas tasas de contagio y mortalidad. Y con riesgo de seguir así. Entretanto se nos viene un plebiscito en medio de un Estado de Catástrofe con medidas de control y poder de excepción, acompañadas de campañas de amedrentamiento y manipulación del acontecer. Así es como llegamos al 18 de octubre, en que cada lado pinta al General Baquedano y el acontecer a su regalado gusto y conveniencia. Peor aún, es que con los casos de servidores públicos infiltrados promoviendo la violencia, ya nadie puede asegurar quienes son los responsables de ella. Así que llamar a la no violencia sin dar el ejemplo y ser consecuente, no sirve de mucho. Tampoco sirve que se pretenda saber quiénes son los responsables sin que al menos la justicia los haya identificado. Vale recordar que en el caso del adolescente empujado al río, también lo intentaron responsabilizar a él, hasta que el carabinero que dio el empujón asumió su responsabilidad y pidió disculpas. Lo cual otros nunca hicieron. La verdad es que el incendio de esas iglesias y la violencia en general ya sabemos a quiénes les conviene. En el caso de la patrimonial iglesia del ex Hospital San Borja, actualmente en poder de Carabineros, cuya Dirección General se encuentra a pocos metros de ahí y que bien conocimos siempre cerrada, llama la atención como el inicio del fuego se filma desde dentro y publica a los minutos en los medios de comunicación. Y que tras ser apagado, a las horas vuelve a incendiarse. Y claro, al día siguiente ya es convenientemente utilizado para la franja electoral. ¿Cómo tanta eficiencia? En todo caso, vimos también un grupo de manifestantes celebrando la caída de la torre de la otra iglesia, como si fuese un espectáculo y vimos en redes sociales justificaciones del tipo ojo por ojo, diente por diente. Por nuestra parte, como siempre sin doble estándar, insistimos en que la violencia, también la estructural, la del Estado y aquella contra la Madre Tierra, solo trae consigo una espiral de consecuencias en que perdemos todos y que terminan pagando los inocentes. Y por cierto, a un año del estallido, sus causas, aparte de los treinta pesos del Metro, parecen no haberse superado. Y eso que en aquel entonces hubo varias voces que asumieron responsabilidad en producir cambios. Sin embargo con la pandemia parece se olvidaron. El ejemplo más notable es el vergonzoso perdonazo al $atánico de Ponce Lerou. También vale hacer presente que en muchísimos países los parlamentarios y gobernantes se recortaron parte de su sueldo ofreciéndolo a la emergencia sanitaria, mientras acá se han hecho los desentendidos. La cuestión es que si bien el plebiscito quita algo de presión a la olla, no es suficiente. Y así se sigue acumulando la rabia, injusticias, desigualdad y penurias económicas. 

Ahora, en cuanto al plebiscito, está claro que el sistema político partidario y corrupto intentará manipularlo y de no perder su poder en crisis. Y ahí tendrá que estar la ciudadanía evitando que se salgan con las suyas, “tomándose la Constitución”. Así como siempre ha sido. Tirar la esponja antes de tiempo no sirve.  

Finalmente y tal vez sea una idea más personal, pensamos en que un gobierno con tan poca representatividad y una clase política tan cuestionada, le hacen pésimo a la Nación y que si fueran honorables ya habrían renunciado todos hace rato, llamando a elecciones, tal como lo hacen en otros países con democracias, tal vez mas ejemplares. Así posiblemente tendríamos gobierno y parlamento más a la altura de las circunstancias, mayor unidad y representatividad  y sin ser puestos en duda para redactar una nueva constitución.

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