En COLUMNAS
Por Peter Hartmann, Director Filial Aysén
 
Varios temas muy diversos nos entretienen en estos días.
 
Hace poco nos encontramos con un nuevo término o concepto que creemos refleja nuestras ideas que la sustentabilidad. O, al menos, las complementa. Se trata de la regeneración y eso en todo sentido, no solo ecológica.
 
Se trata de la recuperación o restauración de partes dañadas, ecológicas, naturales, sociales, culturales. Esto se suma a cuando para los mayas el desarrollo es equilibrio, o viceversa, para existir desarrollo debe haber equilibrio. También podríamos agregar el término o concepto de empatía, ponerse en el lugar del otro. También de la Madre Tierra y sus millones de seres a quienes acompañamos en este planeta. Y nos gustan estos conceptos, porque encontramos que aquel de sustentabilidad es un tanto estático y se conforma con lo que hay sin pretender mejorar o arreglar el desbarajuste o desequilibrio que nosotros los humanos hemos provocado. O al menos es poco claro al respecto de esto. Eso aparte de lo manoseado y abusado por cualquiera a su antojo. Pensamos que la regeneración es un paso adelante y refleja lo que queremos decir con Aisén Reserva de Vida. Entonces, ahora la idea es hablar de desarrollo regenerativo, o sustentable y regenerativo. Esto es equilibrio regenerativo y empático. Todo esto, mientras las noticias nos dicen que “el planeta esta perdiendo la capacidad de sostener la vida humana”, según una investigación de IPBES y que 70% de los últimos brotes epidémicos han comenzado con la deforestación, según María Neira Directora de Salud Pública y Medio Ambiente de la OMS.
 
En segundo lugar y tema diferente, este año se cumple un siglo desde la “Patagonia Rebelde”, las huelgas convocadas por las organizaciones obreras de Santa Cruz debido a las pésimas condiciones en que trabajaban y ante el incumplimiento de los compromisos anteriores contraídos por las patronales ante el gobierno, tema sobre el cual ya hemos escrito antes. En esos revolucionados años posteriores a la 1ª Guerra Mundial, también hubo huelgas en Puerto Natales. En esa huelga, en Santa Cruz de 1921, apagada a sangre y fuego por el Ejército Argentino, se estima fueron fusilados entre 1500 a 2000 obreros rurales, en su mayor parte chilenos, chilotes, que siempre han sido la principal mano de obra en toda la Patagonia. Sin embargo esta masacre se ha mantenido silenciada y de los muertos solo se conoce algunos nombres. Hace algún tiempo leíamos de que una universidad patagónica iba a exhumar las tumbas masivas donde se encuentran sepultados ¿Lo habrán logrado? (Porque nunca más supimos de eso y los estancieros propietarios no estaban muy disponibles). También nos enteramos el año pasado del libro “Los Chilotes de la Patagonia Rebelde” de Luis Mancilla Pérez (2012). Mancilla además pregunta por los huilliches fusilados ahí, de los que nada se sabe. En estos días, además, nos encontramos con la pregunta que se hace Isabel Ampuero, historiadora chilota de la U. de la Patagonia Austral, sobre ¿qué paso con las mujeres de la Patagonia Rebelde? también sepultadas bajo cien años de capas de silencio.
 
¿Y que hizo Chile y su gobierno de entonces ante la masacre de connacionales en la Patagonia argentina? Por un lado, al entonces gobierno de Arturo Alessandri, le dio lo mismo, al igual que a los posteriores, para los cuales esos chilotes que nunca volvieron a casa y cuyas familias que dependían de esos ingresos, quedaron en el abandono. ¿Qué habría pasado si en cambio se hubiese fusilado a un Campos Menéndez o un Izquierdo Menéndez? Por otro lado, según leemos de la información recogida por el historiador chilote Felipe Montiel Vera, en “Chiloé Historias de Viajeros”(2010), la prensa nacional se hizo eco de la campaña levantada por los terratenientes argentinos y británicos que describía a los huelguistas como “bandoleros, forajidos, cosmopolitas, malhechores, muchos de ellos comunistas y que unos 1.000 de ellos con tropas de las tres armas, unos 60 automóviles, ametralladoras, fusiles y abundante munición estaban por entrar a territorio chileno” (Diario El Llanquihue de Pto. Montt, La Cruz del Sur de Ancud, La Voz de Castro, enero 1922). Por lo tanto las sociedades ganaderas instaladas en Aisén y Cochamó entraron en pánico y el gobierno envió al Destructor Williams y otros buques con 220 soldados y carabineros armados con varias ametralladoras a poner orden y evitar que los “bandoleros cosmopolitas” (chilenos) se pasaran a territorio nacional. Entremedio, el corresponsal de La Cruz del Sur hace la excepción e informa que “fuerzas militares argentinas han cometido el lamentable error de confundir a pacíficos trabajadores chilenos con los bandidos europeos sovietistas a quienes debían perseguir” y que fusilaron a mansalva a muchos de ellos. Tras semanas de rumores y despliegue militar, también hacia el sur, porque los forajidos podrían entrar hacia Chile Chico y el Baker, todo resultó ser falsa alarma, y al cabo de un mes los militares se retiraron dejando solo a Carabineros en el Aisén. Una falsa alarma que entonces la misma prensa critica como “mal gasto del escuálido erario nacional en tiempos de aguda crisis financiera”. Otras repercusiones fueron que en rio Cisnes el Gerente Dunn disminuyó 10% los sueldos, con el descontento de los trabajadores y un peón habría incendiado una casa y almacén. En todo caso, como consecuencia de la Patagonia Rebelde, en vista de lo desagradable que se puso la vida en Argentina, sí hubo muchos chilenos, no solo chilotes, que cruzaron la frontera a venirse a poblar Aisén. Y a ver si al cumplirse cien años de silencio se levanta algo el inmerecido olvido y la nación chilena recuerda como se merece a estos connacionales.
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