En COLUMNAS

 

Peter Hartmann, Director CODEFF Aisén, Presidente Agrupación Aisén Reserva de Vida.

La semana pasada escribimos aquí sobre la nueva Constitución y la imperiosa necesidad de encarar una evolución cultural. Si bien la cultura nacional tiene sus virtudes, también tiene sus defectos y falencias. Ahora, el que estemos todos de acuerdo en cuáles son esas virtudes, defectos y falencias  ya es algo mas difícil en ponerse de acuerdo.

Hace unos días escuchando la cadena nacional del Ministro de Salud sobre las restricciones que habrá para fiestas patrias, pensamos en que, “otra vez intentan solucionar el problema con represión y restricciones en vez de educación y su respectiva cultura de responsabilidad social, de solidaridad, de autocuidado de autodisciplina”. Tal vez eso sea porque es lo más fácil de llevar a cabo y porque así es la tradición. Aparte de que cambiar hábitos y culturas no es algo que se haga de un día para otro. Y qué duda cabe que estamos acostumbrados a solucionar casi todo con miedo y represión. Estamos acostumbrados a que si no tenemos un carabinero o la Contraloría o algún ente fiscalizador vigilante, tratamos de hacernos los vivarachos. Y estamos acostumbrados que los de arriba nos metan goles de una u otra forma. ¡Tienen todo un arsenal!  La ética, la moral, parecen ser lindas palabras. Así las cosas, tenemos una extraña mezcla de Estado policial prusiano con moral neoliberal  a lo Adam Smith, harto horrible y que lo permea todo. Así es como nos encontramos con una Nación donde se castiga y adoctrina en vez de educar y los represores están bien dotados; “la letra con sangre entra”, en vez de con cariño y amor. Y después se quejan de la violencia, si esta ya viene de a chorros en el ADN nacional.

Así es como en vez de solucionar los problemas políticos con política y democracia se encaran a la fuerza, con represión. Salvo excepciones, como en estos días con los camioneros y que vienen a confirmar de que si se puede de esa forma; si es que se quiere. Lo mismo con los problemas de salubridad y tantas cosas más. Y la respuesta –revancha suele venir por la misma vía, en vista que no se conoce otra.

Y peor aún tal vez, es como se enfrentan los problemas  haciendo política de “el fin justifica los medios” metiendo miedo, mintiendo y engañando. Eso evidentemente no sirve mucho. Es cosa de ver las redes sociales hoy en día y ahí nos encontraremos con verdaderas campañas de mentiras, montajes con photoshop  y “cucos surtidos”, que vaya que cuesta a veces discernir verdad de mentira. A estas alturas, la falsedad en redes sociales ya ni tiene castigo de ningún tipo. Para una buena campaña política, es cosa de contar con un buen equipo de especialistas digitalizados y abusar de los miedos congénitos e inyectados de y a la ciudadanía. Ah, por cierto eso cuesta plata, o sea no la hace cualquiera.

En una de las versiones del “Congreso Futuro” nos encontramos con un expositor que mostró la política que tiene Portugal en el tema de las drogas. 

Al expositor ese evidentemente lo habían enviado a donde fuese menos visible; Aisén. Y la verdad es que quedamos bastante sorprendidos con lo que mostró, porque tan inmersos estamos en nuestra forma nacional de solucionar los problemas, que ni se nos ocurre que existen otras. En el caso de Portugal, país de los más pobres de Europa y con hartas semejanzas con Latinoamérica, hay harto que aprender. Su democracia es ejemplar y su estabilidad política y económica  en los últimos años ha sido asombrosa. Ahí  el tema de las drogas lo enfrentan  como problema de salud en vez de criminalizarlo, como hacemos acá, seguramente copiando a Estados Unidos, como tanto más. Y los resultados que han obtenido de esa forma son excelentes. De los mejores del mundo. ¡Parece que debemos buscarnos mejores  ejemplos para imitar que lo peor del planeta como solemos hacer!

Y a propósito de drogas, tenemos cultura ideal para florecimiento de narcos: los miedos, la ansiedad, el estrés, las enfermedades psicosociales, el consumismo,  son ambiente ideal para buscar vía del mismo consumismo la solución fuera nuestro. También la adicción al electromagnetismo hace su parte, inhibiendo nuestras hormonas, como la endorfina, llevándonos a recurrir a pseudo-satisfactores. ¡Si hay algo que caracteriza nuestra cultura son los pseudo-satisfactores, inclusive en nuestra democracia! 

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