En ACCIÓN

La reciente alza en las tarifas del Metro de Santiago fue el detonante de crecientes manifestaciones estudiantiles en protesta contra una nueva política que incrementa la vulneración de la ciudadanía, dando lugar a una desmedida y brutal represión policial que, lejos de contener las manifestaciones, sólo incrementaron las, hasta entonces, pacíficas y constitucionalmente válidas acciones de las y los jóvenes y pueblo protestantes.

Frente a estos acontecimientos la Cumbre de los Pueblos expresa:

1. Las manifestaciones estudiantiles y ciudadanas responden a un clamor popular ante la precarización constante y sostenida de las condiciones de vida del pueblo chileno. En tal sentido, se trata de acciones legítimas, válidas, necesarias y mínimas ante más de 40 años de abuso reiterados de que es víctima el pueblo chileno, por parte de gobiernos que no han hecho sino profundizar la brecha de desigualdad y las medidas de un neoliberalismo salvaje que fue instalado en Chile hace 45 años gracias a una dictadura sangrienta.

2. Consideramos que lo generado en Chile es una verdadera “olla a presión” donde, tras 45 años, individuos desarticulados y cada vez más oprimidos económica, cultural, ambientalmente, sin alternativas ni vías posibles de fraternidad, de buen vivir, de comunidad, no resisten años de sufrimiento y violencia sostenida y acumulada.

3. En relación a la violencia ejercida, no existe la más mínima equivalencia de fuerzas que iguale o acerque las acciones de la ciudadanía con la violencia policial y militar. La población chilena se ha visto sometida a tener que soportar en silencio, frente a una policía militarizada y bestial (de las más en el mundo), un sistema social y económico que mantiene al pueblo en la línea de la vulnerabilidad y precarización a través de la privatización y mercantilización de los servicios básicos como las pensiones, la salud, la educación, viviendas, el agua, el transporte y una largo etcétera que profundiza la desigualdades sociales.

4. Rechazamos el modelo cultural neoliberal, que instala la naturalización y normalización de la violencia social e individual en cada habitante en Chile logrando disgregación, dislocación, desarticulación y deterioro de la salud mental, tanto individual como social; como mecanismo de control social para la permanencia de un modelo de depredación, usurpación y despojo del bienestar comunitario.

5. Rechazamos la violencia estructural, económica instalada y validada por un modelo mercantil que normaliza el enriquecimiento ilícito, a través del establecimiento de mecanismos de impunidad y no investigar delitos que significaron la apropiación de lo que era de todos, y se traduce en que unos pocos sigan, hasta el día de hoy, siendo quienes mandan y dirigen los destinos de la mayoría empobrecida y vilipendiada.

6. Rechazamos el abuso policial, el uso de las armas y abrir fuego en manifestaciones masivas, sobretodo teniendo en cuenta que quienes se manifestaron ayer viernes eran niños, jóvenes y estudiantes. Lamentamos y rechazamos profundamente la acción de carabineros que ayer terminó con niños y jóvenes en hospitales por impactos de perdigones.

Exigimos:

● La evaluación del sistema de incremento del precio del pasaje del transporte público, equilibrando costos de transporte con respecto a sueldo mínimo. También un sistema de gratuidad de transporte público a pensionados y a estudiantes del país.

● La derogación del artículo 19 numeral 24 inciso 11 de la Constitución y asegurar, constitucionalmente, el derecho humano al agua y el saneamiento; un nuevo código de aguas, que vuelva a unir el agua con la tierra, que no se entregue de manera gratuita y a perpetuidad los derechos de aprovechamiento de agua, priorizando el acceso humano al agua por sobre la productividad empresarial.

● Eliminación de las Administradoras de Fondos de Pensiones, para permitir a nuestros adultos mayores vivir en condiciones dignas.

Finalmente y, por todo esto, consideramos que nos encontramos viviendo un momento histórico y de inflexión en Chile, donde es el pueblo el que tiene en sus manos el futuro y, por tanto, la construcción de una sociedad que rompa el paradigma de la violencia y depredación sistemática, para dar paso a una sociedad anhelada y deseada desde hace más de cuatro décadas, basado en el respeto, la vida y la fraternidad; haciéndose urgente y necesario, para ello, el reconocimiento y la instauración, en todas sus facetas, del derecho de vivir en paz económica, ambiental, social y espiritual.

19 de octubre 2019

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