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Mientras continúa el dilema de escribir sobre las olimpiadas, oscurantismo político o temas energéticos,  nos encontramos con un artículo que hace  inclinar  la balanza: las posibilidades de interconexión eléctrica entre Chile, Argentina y Perú.

Mal que mal, a nuestro Ministro de Energía esto de exportar electricidad le parece encantar porque electricidad le sobra. ¡Y pensar que a estas alturas, según las predicciones de HidroAysén, ya deberíamos estar quedando a oscuras en los estadios y las chicas con su pelo mojado sin alisar por la crisis y apagones!

Indicadores de ignorancia, mitos, falacias y oscurantismo energético abundan, como para sacar más de alguna medalla. ¿Y qué dice el artículo bajo el título “Exportar desde Aysén” en su último párrafo?

“Pese a que este gobierno fue quien le puso la lápida al proyecto HidroAysén, la autoridad no renuncia a la idea de desarrollar la hidroelectricidad en la zona. De hecho, hay dos directrices gubernamentales que apuntan en esa dirección: que el 70% de la electricidad al 2050 provenga de fuentes renovables, lo que es posible con la energía hidráulica, y la mención a desarrollar el potencial hidroeléctrico de Aysén.  Según comentan ejecutivos del sector, hay un interés de inversionistas privados por desarrollar una central de embalse en la zona – distinta a Río Cuervo e HidroAysén – para exportar la energía a Argentina. Una línea de transmisión a la nación transandina es más económica que un trazado de Aysén a Puerto Montt, debido a que en Chile se requiere un cable submarino para inyectar la energía al sistema eléctrico. Esta idea ha sido planteada extraoficialmente a los gobiernos de Chile y Argentina”. (E y N, E.M.7.8.2016).

Lo insólito de esta información es que aparece tras seis meses de demora, mientras se publica, finalmente, la Resolución con que el Comité de Ministros da la pasada al proyecto Río Cuervo, y mientras el propio ministerio nos tiene entretenidos con estudios de diagnóstico y ejercicios para una política energética regional. Estudios y ejercicios en que, como ya mencionamos en una columna anterior, ha estado forzando todo de una u otra forma con tal de imponer los escenarios y la opción de las mega centrales de embalse y la exportación, “rehidroaysenizando” una discusión que el propio ministro pidió en su momento de “deshidroaysenizar”.

Claro, a lo mejor ahora no es HidroAysén, sino otros proyectos similares con los que nos las tenemos que ver.  Es más, con un ministerio que parece obstinado con la idea y, por lo visto,  moviéndose en las sombras para evitar el costo político y que funen sus planes.

Por otro lado, vale preguntarse: ¿En la Patagonia Argentina necesitan esa energía? Recordemos que allá tienen petróleo, gas y viento de sobra. Además, un consorcio chino se encuentra comenzando a construir un megaproyecto hidroeléctrico en el Río Santa Cruz.

La verdad es que, entre  gimnasia político-técnica  y medallas de oscurantismo, nos encontramos, por un lado, con esa realidad y con la advertencia que el Ministro Pacheco Matte declaró públicamente: “usar 96 cuencas para obtener 15.000 MW para los ‘polos de desarrollo eléctricos’”;  y por otra, con el mismo  ministro que en otro artículo, del primero de julio, expresa  que HidroAysén está cerrado para el gobierno y que están haciendo “un enorme esfuerzo para impulsar proyectos hidroeléctricos de tamaño pequeño y mediano”, a lo que agrega que “es obvio que aparecerán otros proyectos que puedan darle a la región una energía limpia” (E y N, E.M).

Habría que ver qué es lo que el ministro entiende por proyectos medianos y energía limpia, porque hace rato tenemos diferentes acepciones e interpretaciones en este tipo de palabras que para nosotros tienen un significado y para ellos con las empresas tienen otros.

Por lo demás, con las salmoneras pasa lo mismo. Es cosa de ver cómo, a estas alturas, todos los megaproyectos que se precien son “sustentables”, “limpios”, “renovables” y “de energía continua”, mientras aquellos de energías renovables no convencionales, hacia donde se mueve  el mundo energético y que son lo más lógico para las necesidades regionales de Aysén,  son etiquetados, menospreciados  y motejados como: “intermitentes”, “caros”, “complicados”, “tecnología poco conocida que no es posible implementar en el futuro” y solo como una “solución parcial”. En eso tampoco ha cambiado mucho desde los tiempos de HidroAysén, cuando esa empresa insistía en  hacer exactamente lo mismo.

La verdad es que todo esto da pena. Ver cómo un aparente compromiso gubernamental por una “Patagonia sin Represas” pasó a ser solo para HidroAysén (¿momentáneamente?). Y cómo una Agenda de Energía que se veía auspiciosa y una reforma energética que era más que necesaria, se han ido retro-transformando en “más de lo mismo”, en manipulación centralista,  en  la reaparición de los poderes en la sombra y alimentando la desconfianza ciudadana.

 

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