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Las noticias de estos días son las elecciones presidenciales y sus resultados y lo ocurrido en Villa Santa Lucía a causa de un aluvión. Otro más. De hecho, el presidente electo lo primero que hace en su discurso es enviarle un saludo de ánimo a la gente de la villa.

Sí, otro aluvión más, porque los aluviones y tragedias a causa de los riesgos naturales son ya parte de las tragedias chilenas y de lo habitual en nuestra Patagonia. Aparte de una geografía donde estos riesgos son algo casi normal y a lo que se suma un clima veleidoso, y ahora aún más a causa del cambio climático, se agrega en que aparecen cada vez más actividades y obras humanas en este escenario un tanto peligroso. Y eso con una sociedad que parece desentenderse de su existencia.

Porque ¿cómo se explica que uno de los dos últimos poblados fundados en Chile hace no mucho, a fines del Siglo XX, con existencia de organismos estatales encargados de emergencias, riesgos, geología, con la existencia de universidades y carreras dedicadas a estos temas, con decenas de profesionales preparados en estos temas, con tecnologías con las cuales fácilmente se podría estudiar estos riegos y prevenirlos, igual ocurran estas catástrofes? ¿Es que me van a decir que poner un pueblo en un lecho de rio en el cual a simple vista se aprecia que ocurren fenómenos de crecidas extraordinarias, frente a un cono de eyección y torrente proveniente de glaciar no implica riesgo? ¿Es que al localizar ese poblado ahí ninguno de los profesionales responsables levanto un poco la vista o tuvo la asertividad de pedir asesoría de quienes entienden más sobre la materia?

Y si me atrevo a opinar sobre esto, es porque algo entendemos del tema y porque en la época de la fundación de Santa Lucía (nombre que es fácil adivinar de donde proviene) y Villa Amengual, en pleno gobierno del general Pinochet o dictadura, nos encontrábamos haciendo nuestra práctica profesional como arquitecto a cargo del tercero de los poblados a fundar a lo largo de la “carretera”, Puerto Yungay, y algo nos enteramos de cómo surgió Villa Amengual. Por otra parte, estuvimos en 1977 y 78 en la construcción del Camino Longitudinal Austral en la Cuesta Moraga tras la muerte de conscriptos a causa de un aluvión y luego en la primera ascensión del Cerro Yelcho (bautizado por nosotros) por el ventisquero del mismo nombre (que se aprecia desde el lago del mismo nombre y desde el puente Ventisquero) y que no son los mismos que ahora el Sernageomin denomina Cordón Yelcho. Ese cordón sería la prolongación hacia el sur desde el Cerro Yelcho. La cuestión es que nos consta que el sector es geológicamente inestable y que ahí siempre hubo riesgos y estos eran previsibles y prevenibles. También nos consta que en esa época no se daba mucha importancia a esos aspectos y se actuaba en forma bastante poco seria o poco ética por parte de algunos profesionales. Más bien importaba avanzar rápido en la concreción de las tareas impuestas a lo que se sumó la crisis de los años ochenta, que significó la ausencia de estudios básicos y complementarios. A tanto, que en Pto. Yungay no contábamos ni siquiera con una topografía del lugar. Lo mismo nos ocurrió unos años después, trabajando ya en el Minvu con el loteo de Puerto Bertrand. Vale agregar además, que en esa época el urbanismo quedó supeditado al mercado y los urbanistas ordenadores territoriales pasamos a ser personajes sobrantes. En todo caso un urbanista debiera saber de localizaciones de poblados y de riesgos y desde entonces han pasado varios años y gobiernos que también pudieron ocuparse de la prevención de riesgos.

Y no solo los urbanistas parecemos estar demás actualmente, también los especialistas en riesgos y cuando emitimos nuestros informes, estos suelen ser menospreciados, ahora por las autoridades políticas, como ocurrió en el caso del Plan Regulador Interurbano de Puerto Aisén-Chacabuco y el mapa de riesgos regionales hecho en el mismo gobierno que aprobó el Proyecto Rio Cuervo en zona de alto riesgo. O como sucedió con el informe de riesgos del Fiordo Aysén y la opinión técnica del geólogo a cargo sobre el Proyecto Rio Cuervo, al que a causa de ello le hicieron la vida imposible entre colegas y las mineras. O como sucedió a los funcionarios del Sernageomin que opinaban que ese proyecto era un peligro y fueron reemplazados en el gobierno anterior para poder aprobarlo. O el geólogo de ese servicio que encontraba inviable ese proyecto y luego aparece alineado en la versión oficial de que no hay riesgo. En todo caso, con esto, el Sernageomin no queda con la mejor imagen y menos aun cuando tenían considerada a la Región de Aysén como zona no sísmica, hasta que el terremoto del 2007 los dejó en ridículo. ¡¿Cómo no iba a haber sismicidad a lo largo de toda una hilera de volcanes y la Falla Liquiñe-Ofqui?! Aparte que existía literatura sobre sismos anteriores.

En fin, Santa Lucía no es el único poblado amenazado por riesgos y donde se puede prevenir desgracias. La visita de especialistas a posteriores no sirve de mucho. ¿O es que dan más rating las catástrofes?

Peter Harttman, director Filial CODEFF Aisén.

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