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Las plantaciones forestales son un conjunto de árboles dispuestos uniformemente sobre un terreno variable. Generalmente en Chile son de una sola especie exótica y de rápido crecimiento (pino radiata y eucalipto), los cuales, a gran escala,  generan un sin número de disturbios en el ambiente físico y social  donde se establecen, ya que entre otros impactos  afectan el ciclo del agua y la biodiversidad de los territorios.

Chile, posee a la fecha más de 3 millones de hectáreas de estas plantaciones, correspondientes fundamentalmente a especies como pino insigne y eucalipto en sus distintas variedades, establecidas en una primera etapa, fundamentalmente en suelos degradados que en un pasado fueron bosques nativos, los que fueron arrasados para la habilitación de suelos agrícolas y posteriormente en suelos con renovales de bosques nativos y en suelos agrícolas. Estas plantaciones de árboles a gran escala, que se han querido promover hacia la opinión publica, de manera sesgada, como los bosques chilenos han sido el eje en torno al cual se ha desarrollado el sector forestal monopolizando casi la totalidad de los subsidios del Estado, la investigación forestal y los planes de formación profesional especializada universitaria y técnica en estos últimos 40 años.

En nuestro país las plantaciones forestales han causado un continuo proceso de abandono del campo por parte de campesinos debido a la transferencia de la propiedad de sus tierras a las empresas forestales con todo lo que esto implica en términos sociales, culturales y económicos en la medida que desaparecen oportunidades de desarrollo de actividades económicas de largo plazo que normalmente genera un ambiente rural diverso en términos de recursos naturales, y por consiguiente, más estable en términos ambientales. Cabe destacar que el impacto social de las plantaciones queda en manifiesto al observar que las comunas con mayor cobertura de plantaciones son las que ostentan los niveles más bajos de desarrollo humano, según los índices calculados por el PNUD.

En Chile y a nivel internacional las plantaciones forestales corresponden a un modelo de agronegocio orientado principalmente para la producción de pulpa para papel, madera, aceites y agrocombustibles. Por lo que los grupos económicos que poseen las empresas forestales, en Chile, también poseen entre sus activos, plantas de fabricación de celulosa, las cuales en gran parte de los casos han sido cuestionadas por la sociedad debido a los grandes impactos ambientales que han generado.

Otro aspecto de gran preocupación por parte de la comunidad nacional e internacional es el rol que los empresarios forestales y los gobiernos le atribuyen a las plantaciones forestales a gran escala, las cuales son promocionadas como sumideros de carbono constituyendo un incentivo aún mayor al establecimiento de plantaciones a gran escala en países donde es económico y viable, y esta vez, para contrarrestar las emisiones de empresas contaminantes, que por lo general se encuentran en países desarrollados. Todo esto aún cuando los resultados de la utilización de las plantaciones de árboles como sumideros son tan inciertos, que su contribución a la reducción del cambio climático no ha podido ser verificada.

Ante este escenario, CODEFF hace las siguientes propuesta, declarando:

– Las plantaciones forestales a gran escala generan grandes impactos ambientales y sociales, por lo que exigimos que el gobierno revise las políticas, leyes e instrumentos que promueven estas plantaciones.

– Que el Estado priorice el fomento, conservación y restauración del bosque nativo como una posibilidad real para el desarrollo de las comunidades locales, sobre todo en el marco de la implementación de la nueva ley de recuperación del bosque nativo y fomento forestal.

– Incentivar, promover un consumo responsable de los productos derivados de las plantaciones (celulosa, papel, cartón, etc.), así como también informar a la población nacional del manejo y de los costos sociales y ambientales que implica el manejo de dichas plantaciones.

– Realizar estudios acabados sobre la capacidad de amortiguación de medio ambiente para resistir el nivel de expansión y del manejo (talas rasas) de las áreas de plantaciones.

– Informar con claridad a la opinión pública, la investigación y posible uso de especies transgénicas para la expansión de monocultivos, no tan solo de especies forestales, sino que también de especies agrícolas.

– Abrir espacios de diálogo con la comunidad local y a nivel territorial para dar respuesta a sus demandas y a sus dudas con respecto a los efectos de las plantaciones forestales y cultivos agrícolas.

– Comunicar las negligencias que empresas forestales pueden estar cometiendo a nivel social y ambiental, y establecer mecanismos donde dichas empresas puedan restablecer los procesos ecológicos, ambientales y sociales alterados provocados por las actividades del manejo forestal.

– Obligar a las empresas forestales a que sean consecuentes y coherentes en lo relativo a informar a la comunidad local sobre el  impacto social y ambiental de sus actividades.

– El Estado debe generar políticas coherentes con una visión de futuro donde las plantaciones forestales, como sistema de producción, se desarrollen  hacia entidades más diversas y más cercanas a sistemas boscosos naturales, donde no haya lugar a la tala rasa como práctica habitual de cosecha, y capaces de integrarse con la forestación, recuperación y el manejo de bosques y plantaciones nativas.

El bosque es vida y prosperidad ambiental, espiritual y económica. Las plantaciones de monocultivos forestales socavan la soberanía alimentaria de los pueblos, sobre todo cuando son establecidas en suelos agrícolas,  y la consecución de la justicia social, cultural, política, económica y climática.

Comité Nacional pro Defensa de la Fauna y Flora – CODEFF, 2017

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